poemas de Antonio Rodas

CRECERÁ EL PINO EN EL JARDÍN

Crecerá el pino en el jardín
y yo no estaré allí,
pero escucha mi latido en las flores
porque dejo en las rosas y limones
mis versos y el violín.

Llegará la sombra hasta el jardín
y yo no estaré allí,
pero ungido de azul mi pensamiento,
por las noches la luna y el viento
alzarán mi perfil.

Buscarás mi aliento en el jardín
y yo no estaré allí,
pero el vuelo de las mariposas
y el beso que dejo en las rosas
son para ti.

REGRESO

Venían los dos del brazo
y no se decían nada,
de paso lento, sonoro,
unísono y desgarbado.
Juntos, como iluminados
venían por la calle solos
y no se decían nada
que lo decían todo.
De miradas divergentes
distraídas y brillantes
investigando la luz
para salir de la tarde.
Venían los dos del brazo
guardando un mismo tesoro
y no se decían nada,
que lo decían todo…

CARTAS VIEJAS

Hoy he llorado con mis hijos
leyendo cartas viejas de mi madre.

Pudiera estar viviendo en nuestro tiempo
besando las sonrisas de sus nietos.

Los bendijo y los amó sin conocerlos,
por eso aquí tan cerca yo la siento.

Ella dio toda una vida, amor y esfuerzo
y en sus cartas sólo pide un Padre Nuestro.

Por eso hoy he llorado como un niño
reviviendo en sus consejos su cariño.

¡Cómo pudo ella morir violentamente
si era toda suavidad, ternura y canto!

Es por eso que he llorado como nadie
al leer las cartas viejas de mi madre.

De rodillas yo te pido, Padre Nuestro,
que ella pueda sonreír junto a sus nietos.

RUMOR DE LA CALLE

No me detengas pregonero
profanador de pensamientos,
que voy con la luna dentro
escuchando las campanas
que mueven la luz del viento.
No vociferes anticuario
subastador del tiempo arrumbado
en molduras y cristales,
que llevo el canto sereno
de mis horas diferentes
a abrir la luz en los muelles.
No me interrumpas fogonero
conspirador de la calle,
que voy arrimando al espacio
el eco mojado
y transparente de mis pasos.
No empañes mi espejo de agua
con el humo de tu fábrica
hurtadora de horizontes,
que llevo la luna dentro
alineando las trompetas
que tocarán a silencio.
No me importunes callejero,
que llevo luna en las manos,
que llevo la luna dentro.

del libro «Horas diferentes», escrito por Antonio Rodas Sánchez, Santiago, 1972


FUERA DEL TIEMPO

Habrá un día en que ya no habrá más días,
una noche en que no vendrán más noches,
sólo nieve que envolverá mi vida
y detendrá los ríos en los montes.

Quedarán en el valle mis pupilas
congeladas, fijando el horizonte,
y llevaré mi existencia redimida
a investigar por qué el amor se esconde.

Ese día se entornarán las plumas
porque mi vuelo frágil se habrá ido
y las hojas no le abrirán al viento;

esa noche recogeré la luna
en la ventana azul del Paraíso
y quedaré por fin fuera del tiempo.

ÚLTIMA PÁGINA

En la última página que escribo
no se detiene el paso de mi vida,
no se puede callar lo que está vivo
ni deja de vivir lo que se olvida.

Porque quiero ofrecer algún motivo
que ilumine mi oscura despedida,
dejo llanto encendido en un olivo
y en su sombra una voz desconocida.

He debido morir ya tantas veces,
que la luna y el viento rumorean
esperando mi noche en los cipreses.

Aunque me voy mi pensamiento dejo
enhebrando en las luces que alborean,
renacido de amor y vino viejo.

HUMO DE AUSENCIA

Humo y latido de locomotoras
reavivaron sus fuegos en mi herida;
los andenes, su greda enlutadora,
me entregaron su eterna despedida.

Viajó mi adolescencia largas horas
de ilusión, aspirando la partida
o el regreso de mi alma soñadora,
agitando un pañuelo en cada huida.

¡Oh, Estación, cómo llega tu fragancia,
cómo espero asomado a mi ventana
ver asomarse un rostro de mi infancia!

Siempre llego en un tren, y todavía,
en el humo de ausencias y campanas,
me estoy yendo de aquí todos los días.

del libro «Tiempo de ser», escrito por Antonio Rodas Sánchez, Santiago, 1978


DETRÁS DE LA MÁSCARA

A ti que huyes de la vida oscura
y oficias de bufón, audaz, burlesco
escondiendo tu rostro en la pintura,
porque me haces reír te lo agradezco.

Tú que logras hacer de la figura
humana un espectáculo grotesco
salta, brinca en irónicas posturas,
disfruta de la imagen que te ofrezco.

No destruyas la máscara que implora
el aplauso cuando por dentro lloras,
y aunque tu farsa oculte una dolencia

no dejes de fingir, que en cierto modo
al final del camino somos todos
payasos de algún circo en decadencia.

DE NUEVO ES DOMINGO

Ese viejo de pasos inseguros
que se protege bajo la cornisa
va atisbando un mendrugo, una sonrisa,
apretando su sombra contra el muro.

Su sombrero ruinoso, gris oscuro,
es aquel que agitándolo en la brisa
luciera pródigo al salir de misa
cuando el pan de su mesa no era duro.

Hoy lo alza en la puerta de la iglesia
su mano fría, trémula, ofendida,
exhibiendo cansancio de vivir;

sonríe si la gente le desprecia
registrando en su barba encanecida
cuánto le queda aún que sonreír.

PAZ EN LA TIERRA

Divina Paz, devuélveme a la Tierra
donde no haya alambradas ni atrapados,
donde no estén los muros salpicados
ensombreciendo sombras de una guerra.

Devuélveme a los vientos y a la Sierra
y déjame en un huerto iluminado
donde no estén los trinos enjaulados,
donde no queden puertas que se cierran.

Donde el dolor se olvide de mi nombre
y no cubran ociosas jardineras
un residuo de huesos y gusanos.

Devuélveme a la Paz entre los hombres
donde haya amor y luz de primavera
y la lluvia y el sol me den la mano.

del libro «Páginas del viento», escrito por Antonio Rodas Sánchez, Santiago, 1982


HABLARÁN LAS PIEDRAS

Cuando ya no haya árbol
ni espiga
y ya no seamos tú y yo
hablarán las piedras
y dirán que fuimos
sombra de un árbol
y gavilla al sol.
Cuando ya no haya luna
ni ríos
y ya no seamos tú y yo
hablarán las piedras
y dirán con tu voz
y la mía
que fuimos torrente de luna
y nos amamos todavía.

SONIDO DEL TIEMPO

Viene el alba a mis campanas
un jolgorio de pájaros sin árbol
tiende la mañana al sol.

Cuando entre la luz al campanario
y la tarde bostece somnolienta
el sonido dará tumbos en la niebla.

Se detendrá ante mí quemando voces
como echándome el último incienso
y todo el viento arderá en mis oídos.

Cuando cese el sonido en la muralla
cerrándome el camino del tiempo
quedarán en el viento mis campanas.

del libro «Sonido de la luz», escrito por Antonio Rodas Sánchez, Santiago, 1987


NOCHE SÚBITA

¿Por qué abrieron temprano el Paraíso
si me quedaban bríos de alborada?
¿por qué dejar la noche de improviso
si estaba el sueño tibio en mi almohada?

No han debido traerme sin aviso
dejando tanta luz abandonada,
la tarde enrojeciendo el cobertizo,
los aromos con luna desvelada.

Quedó la lluvia ardiendo en los jardines
pulverizando sol, como estallido
de arco iris quebrado en volantines.

He dejado la noche en el tintero,
el camino sin sombra detenido,
mi paraguas colgado en el ropero.

SE VIVE DEL PASADO

Quisiera andar de nuevo por el mundo
y escuchar si murmuran las esquinas
que juntaban veredas y vecinas
a espiar mi sombrero vagabundo.

Volver a divisar por un segundo
la sombra que corría una cortina
y alejaba una lumbre mortecina
imponiendo al cristal un no rotundo.

El pasado transita en el futuro,
asoma el alba sobre un mismo muro
y cada árbol guarda su sonido.

Si el instante genera su costumbre
tras el cristal oscuro está la lumbre;
la noche pasa, pero no se ha ido.

del libro «Más allá del silencio», escrito por Antonio Rodas Sánchez, Santiago, 1988


EN TU ATELIER

No es sorpresiva tu afición al arte,
se ilumina el pincel entre tus manos,
es que espíritu y arte como hermanos
mueven luces y sombras que departen.

Se alza la tela como un estandarte
blasón de lo real y de lo arcano,
el sol, el árbol, el lomaje, el llano,
todo concurre para incentivarte.

Se esconde un arco iris en el lienzo
fundido en tu paleta creacionista
interpretando a la naturaleza.

Conociendo tus aptitudes pienso
que aparece la imagen del artista
en el instante en que su acción empieza.

RETRATO PÓSTUMO

Tanto amaron mis ojos las violetas
que hoy están en mis párpados dormidas
buscad colores que me asignen vida,
mirad el sol, vaciadlo en la paleta.

No pongáis a mi rostro una careta
que me deje la luz interrumpida,
mostradme disfrutando mi partida,
agitad en el lienzo mi silueta.

Recoged en mis labios desunidos
la voz que se quedó en mi recorrido
rebotando en el viento y en los muros.

No pintéis en mi espalda un lecho duro,
que el cielo siempre me brindó la suerte
de gozar con la vida y con la muerte.

del libro «Alba de luna», escrito por Antonio Rodas Sánchez, Santiago, 1994

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