
Descubrir luces
Si la luz está dispuesta
sin que pueda iluminar,
o debajo de una mesa,
o tapada con un chal,
es hora de rescatarla
como Jesús enseñó,
ponerla un poco más alta,
en paz y con mucho amor.
Inspirados Evangelios
merecen que se revise
la manera como ellos
llegarían más felices.
No es labor de mi cuaderno
la magia de ver si acaso
han caído en desaciertos
los escritores sagrados.
Tan solo he de revisar
cómo el lenguaje cambió
desde el griego original
a una latina versión.
En el libro de Mateo,
subamos una luz baja,
una enseñanza del Reino
con traducción adecuada:
Hubo una vez un viajero
que buscaba perlas bellas;
se ponía muy contento
cuando encontraba una perla.
Una tarde descubrió
en humilde escaparate
una de especial valor,
la perla más amigable.
El viajero trabajó
vendiendo lo que tenía,
en animada labor,
hasta poder adquirirla.
Pues bien, de verdad os digo:
«Esa perla tan bonita
se parece, en uno mismo,
a una realidad divina».
Es así que queda claro:
No es el rico mercader
sino un viajero esforzado
quién el Reino busca fiel.
A continuación directa
de enseñanza fabulosa,
en el mar de Galilea
nos encontramos con otra:
El Reino se puede explicar
si mis rasgos fueran peces,
distintos y en cantidad,
tal que siempre algunos vienen.
Y son tan escurridizos
que no los puedo atrapar,
pero logro reducirlos
con la red de la verdad.
Y después de muchos años,
ya conozco a todos ellos,
cuáles son oscuros daños,
cuáles provienen del Reino.
Es mi ángel el que decide
con qué peces entro al Reino,
y cuáles tendrán que irse
a morir en basurero.
En la Gehena ensuciada
y alejada del portón,
donde el fuego no lo apagan
para evitar el olor.
Será al final de la vida,
y no al término del mundo;
como el mismo evangelista
lo repite en otro punto.
Habla de mi mala hierba
que terminará en el fuego,
mientras con mi buena hierba
participaré en el reino.
En Mateo hay otro rasgo
misterioso en Once Doce,
cuando el Reino es rechazado
con la fuerza más enorme.
Alude al que usa esa fuerza
saqueando el Reino de Dios,
tal como gentes violentas
secuestran una nación.
Se refiere a esos que engullen
en lugar de alimentarse;
violan la belleza dulce
en lugar de enamorarse.
En Lucas Nueve Sesenta,
falsa idea unos creyeron;
¿cómo decirlo pudiera?
Aquí viene algo más cierto:
-Amigos, venid conmigo-
invitó alegre el Maestro
-viviremos como niños
y mostraremos el Reino.
-Tengo un problema muy grande-
dijo, triste, el más viejo
-vengo a decir que mi padre,
hace dos horas ha muerto.
-Te comprendo, amigo mío,
que la tristeza te ocupa;
en tradicional designio,
algo tuyo irá a la tumba.
Tu antigua vida se ha ido,
ha muerto junto a tu padre;
déjale cumplir el rito;
acude, pues, a enterrarle.
Y cuando ya estés de vuelta,
empieza tu nueva vida
anunciando la belleza
de la gran ciudad divina.
Jesús le está permitiendo
ir con su padre a enterrarlo,
y anunciar después el reino,
cuando habiendo retornado.
Preguntaron al Maestro
cómo y cuándo llegará
triunfante el divino reino
en gloriosa majestad.
Es en Lucas Diecisiete,
dice que el reino virtuoso
con advertencia no viene,
ya está dentro de vosotros.
En Nicodemo de Juan
es muy clara la alusión
al nacer de nuevo en paz,
en milagrosa concepción.
Escuchas soplar el viento
y el sonido entre el follaje;
su presencia es algo cierto,
has de pedir que te arrastre.
El cuerpo nace del cuerpo
en el vientre de la madre,
desde el agua está surgiendo
ese milagro admirable.
La persona algo más trae,
aire de vida llegando;
el ser en su esencia nace
del espíritu sagrado.
Lo que os digo es renacer
como una persona nueva
resucitando tu ser
que está como si durmiera.
También en Juan algo viene
que no llegó riguroso,
en el Cinco Veintinueve
y en manto del Tres Dieciocho.
Cuando Jesús explicaba
cómo Dios ama a la gente,
la que ahora se levanta
de su tumba persistente.
Y nos explica también
con paciente devoción
que no viene como juez
sino como salvador.
El evangelista dice
que el malo será juzgado;
pero el traductor predice
que ése será condenado.
No superemos a Juan,
y esperemos que un juez hable;
Cristo enseñó a perdonar,
¿cómo hablar de condenarse?
En Marcos Tres, los parientes
van a alcanzar a Jesús,
viendo cuánto transgrediese,
pues su actuar no era común.
Esto ocurrió cuando tantos
escuchaban al Maestro
mientras otros lo acusaron
de discursos incorrectos.
En una carta de Pedro,
primera encíclica escrita,
hay un error, más bien grueso,
que en Dos Trece se desliza.
No adula a reyes romanos
el que sigue a Jesucristo;
tampoco va a venerarlos;
aquí dice algo distinto:
Obedeced toda instancia
que exista para el Señor,
ya si tiene semejanza
a un rey lleno de vigor,
o bien, a los emisarios
del Señor para justicia
a los del actuar malvado,
y alabar las buenas vidas.
Y hasta aquí llego en mi vida;
no pude alcanzar a ver
otras luces escondidas;
lo hará el que venga después.
Este poema de Gonzalo Rodas Sarmiento pertenece al libro «Atisbando los misterios».
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