El manantial del principio

El manantial del principio

A la luz de tantos sueños y alboradas
estoy encontrando por qué soy persona;
hablo de mi parte porque es la cercana,
una mirada que se unirá con otras.

De pronto se manifiestan los niveles;
es el propio ser la huella digital
de iris colores y en su capa contiene
la aguja con el norte del buen andar.

En esta vida llegaré a descubrir
las benditas realidades de mi ser,
las intensas y también las que escondí,
o están prisioneras o bajo mis pies.

Tengo tres etapas de comunicar:
siempre escucharé lo que dice el entorno,
y decidiré una respuesta cabal,
y me entregaré al ambiente generoso.

Atravesando el tiempo quiero atender
aquel llamado antiguo que no entendí;
lo guardé sin saber para cuando es,
sin haber visto el mensaje puesto allí.

Después de tantos sueños y atardeceres
estoy hallando para qué soy persona;
es para cumplir la tarea pendiente,
sugerida en los comienzos de mi historia.


El vital aspecto de cada mortal
es el grato cuerpo, yendo a su vejez,
con sensaciones que saben enseñar
los exteriores y lo de adentro también.

En el centro tenue profundo está el ser
con la solidez de un tesoro escondido;
siempre voy cantando lo bello del ser,
fundado desde el espíritu divino.

El alma estamento se posa en el cuerpo
pero su ascenso ha provenido del ser;
desde el entorno siempre va su alimento,
sustancioso, para mal o para bien;

algo masculino hay en cada persona,
y algo femenino hay en todos también;
van juntos en viaje, prejuicios en contra,
aprenden el arte de llevarse bien.

Él y ella provienen del sector profundo,
diferente más allá de humana orilla,
como un divino cotidiano saludo
congregando en sí mismo todas las vidas.

Cuando a veces percibo esa trascendencia
que me adhiere a personas desconocidas,
me visitan las sensaciones que muestran
el amor como una esencia infinita.


El mundo horizonte en el cual habitamos
tiene tres dimensiones para observar;
como piedras blancas nos vemos creados
según semejanza de una trinidad.

Antiguos ancestros llaman a admirar
al bendito rey sol de las islas todas;
triple energía es lo bueno que nos da,
luz, calor y vida a todos nos dan forma.

La luz es extensión del conocimiento;
el cuerpo la reconoce en la cabeza,
dentro del alma brotan los pensamientos,
desde el ser emergió la Verdad sincera.

Vida es la dimensión de toda existencia;
en el cuerpo dispone de vientre y piernas,
dentro del alma es donde la actitud reina,
desde el ser la Creación se manifiesta.

Calor es el volumen de los afectos;
en el cuerpo lo asumen el pecho y brazos,
dentro del alma aparece el sentimiento,
es el Amor del ser que se está expresando;

en mi ánimo siento cuando están llegando
vivencias que me golpean o me acarician,
sean éstas del Presente, o de algún Pasado,
o un Futuro que promete su venida.


Conocerme a mí mismo está en comprender
de qué modo vivo en feliz relación;
desarrollarme es dar belleza del ser
a mi forma de comunicar amor;

ha de ser esa hermosura natural,
sin maquillar las vías comunicantes
ni poniendo siquiera negro antifaz,
falsas caretas o costosos disfraces.

En cada dimensión, luz, calor y vida,
y en cada situación de participar
está la semblanza que el ser dignifica,
en algún sector del alma la facultad.

Como una luz cercana hacia los demás,
destreza muy clara es la boca del alma;
encuentro aquí la expresiva facultad
de sentir a la gente y dar enseñanza.

Para regresar al ardoroso ambiente,
con mis dos generosos brazos del alma,
se asoma entrañable una amistad ferviente,
la dichosa fraternidad regalada.

En la vida y también en modo de ofrenda
es la voluntad para pisar terreno,
encarnada por ligeros pies y piernas
que en el alma nunca caen en desaliento.


En forma de luz y de grata acogida,
el alma disfruta de vista y de oído;
es una leve facultad intuitiva,
la gracia de escuchar susurros divinos.

En luz y en presencia de transformación,
observamos el cerebro de la mente,
la facultad de inteligencia y razón
viajando entre el cascarón y la simiente.

Pronto me encuentra una acogida cálida
en aquel bienaventurado pulmón,
moviendo el agitado aire del alma,
vibrando como un ligero diapasón.

Arte convertido con bello calor,
lo recojo en pleno corazón del alma,
facultad grandiosa de imaginación,
contiene memoria y hasta la añoranza.

En la vida y en torrente de aceptar
está el referente visceral del alma,
facultad de sorprenderse y admirar
con actitud valiente y entusiasmada.

En una nueva dimensión de la vida,
dispuesta en tiempo de preparar la casa,
ha nacido la facultad creativa,
un fruto de la fecundidad del alma.


Según si un amable ambiente bondadoso
me haya regalado cuanto necesito,
crezcan mis facultades en sano modo
y me lleven a transformarme en yo mismo.

Pero no siempre el mundo funciona así,
nos vigila unas veces la hostilidad;
nos defendemos para sobrevivir,
acudiendo a un camino natural.

Si el entorno deja de ser conveniente,
crecen las defensas de un modo brutal,
con alguno de los momentos agrestes:
caer prisionero, recurrir o escapar.

Tan solo me apresto a nombrar unas pocas:
Caer prisionero de ambición desmedida,
caer como esclavo de prejuicios y dogmas,
deber o apego de manera excesiva;

huir hacia los albores y encontrar culpas,
antiguas costumbres, rencores y miedos;
o enfrentarlo mediante ofensivas duras,
violencia excesiva y enfermizos celos.

Solazarse con resistencias aciagas
perjudicará la imagen del sí mismo,
provocando unas escondidas mudanzas
en la necesaria estima de uno mismo.


Es tiempo de mirar cómo es esto en mí,
en mi pequeño mundo me abro a explorar,
buscando con el anhelo del candil
y disfrutando el amor a la verdad.

El inicio puede venir de algún sueño,
paisaje viviente o singular pregunta;
también un desorden del funcionamiento
es la senda para entrar en la espesura.

Una sensación se despierta en mi cuerpo,
se distingue apenas con su capa oscura;
viene a darme pistas de descubrimiento
y me pide que escriba con audaz pluma.

Le permito que llene todo el espacio;
así se emprende la andanza de esta amiga,
a esa misma hora ya estamos explorando;
al hablar se torna cada vez más linda.

Descubro una grieta en mi fiel escritorio;
aunque no sepa cómo ocurrió tal daño,
ni tampoco desde cuando está el destrozo,
de algún modo conseguiré restaurarlo.

Muy aconsejado es un tiempo de ser,
en calma y atenuando todo bullicio,
voy silente y me dispongo hacia mi ser,
bella fuente de luz, donde amo y existo.


Una clara sensatez es importante,
decidir entre ambas opciones opuestas
que abarcan un mundo elegido desde antes,
bajada del universo a un planeta.

En cada uno de los pasos de este viaje
comienzo el trabajo escribiendo una lista
de las motivaciones participantes,
las de librado enfoque y las resistivas.

Todas las facultades están de acuerdo
en la opción que alcanzare el veredicto;
en caso contrario hay algo mal puesto,
será adecuado retornar al inicio.

Nos fijamos en aquellas resistencias
que apuntaron hacia la otra alternativa;
está llegando el momento de vencerlas
para que la decisión sea cumplida.

Regalarnos vida es otra línea bella,
con naturaleza, música y palabra;
viendo si surge una persona maestra,
y asistiendo a las que se encuentren cansadas.

Actitud de ayudar buscando el avance,
y de disfrutar agradeciendo el bien,
reconocer los aspectos admirables
elogiando con sincero proceder.


Una multitud de personajes tengo
en mi interior, y buscan ser atendidos;
he de viajar hacia dentro para verlos,
y escuchar lo que me dicen al oído.

Están entre éstos mis personas amadas
que viven lejos, o quizás ya se han ido;
y personas admirables o sagradas;
o en otra fase de vida soy yo mismo.

En mi meditación voy a dialogar,
en el ascensor del tiempo y del espacio,
o voy al muelle y puedo el bote encontrar,
que me lleve a la otra orilla del lago.

Tranquilas imágenes dejo venir,
de mi personaje siento la presencia,
mantiene sabia vida dentro de mí,
la fuente de agua viva se manifiesta.

Descubrir un camino para sanar
es una aventura muy apasionante,
sanar con agua viva del manantial
las desdichas del alma y las corporales.

La dolorosa herida obstinada apunta
a alguna joya espléndida que no brilla;
acudo a rescatarla pues vive oculta.
¡ Ésta es la importancia de vivir la vida !


Este poema de Gonzalo Rodas Sarmiento pertenece al libro «Atisbando los misterios».

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