Autenticidad

Autenticidad

Yo era un niño azul. Al principio, mis papás estaban preocupados, pero después se conformaron, cuando vieron a los hijos de los vecinos. Había un niño rojo. Mis padres no querían que me juntara con él, pero eso no podía ser, porque todos estábamos integrados al grupo del barrio. Una de nuestras amigas era naranja; otra, violeta. También había niños amarillos, y distintos verdes. Y niñas magenta y turquesa. Hasta teníamos un niño índigo, el de la esquina.
Mucho después supe que fuimos creados así para que en las rondas, girando, diéramos entre todos el color blanco divino. Al principio, así lo hacíamos.
En ese tiempo, sólo acerté a darme cuenta de que el color lo contagiábamos a los otros que estaban muy cerca. Se producía un revoltijo. Cada cual quería dar su color a los demás, creyendo que el propio era el mejor color.
Veíamos a los adultos, que después de tantos años, ya estaban en colores marrones, aunque no todos iguales. Unos eran de un tono castaño, otros pardo, otros caoba, otros beige, otros café, otros chocolate, otros canelo, y otros carmelita.
Después que pasó el tiempo, yo también me fui contagiando de muchos colores, que empezaron a mezclarse. He llegado a ser un adulto del tipo castaño. Sin embargo, trato de no olvidar mi origen azul.


Este relato muy breve fue escrito por Gonzalo Rodas, y pertenece al libro «La isla Tierra Tierra».

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑