
Para terminar
No se está destruyendo nuestro planeta . . .
¡Sobrevivirá!
Lo que estamos destruyendo en esta Tierra . . .
es la humanidad.
Algunos podrían morir congelados
en un invierno cruel.
Algunos podrían morir calcinados
en un verano cruel.
Nadie volvería a quemar carburantes,
ni a talar los bosques.
Aire volvería a estar limpio como antes,
con bellas estaciones.
No es preciso iniciar una mortandad,
para detenerse.
Es preciso ver el mundo que tendrán
nuestros descendientes.
Aprenderán, los habitantes del mundo,
el aire limpiar.
Aprenderán, los dirigentes del mundo,
a sus nietos amar.
Este poema de Gonzalo Rodas Sarmiento pertenece al libro «Atisbando los misterios».
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